Amélie Nothomb - Los aerostatos
Es un relato corto, entretenido y fácil de leer. A mí me encantó, lo acabo de terminar y estoy estupefacta. Lo recomiendo, pero no hay que leer de qué se trata para poder tener esta sensación al final de asombramiento. Hay que saber que es una historia corta de una maestra con su alumno.
Es una parábola sobre el poder de la literatura, sin embargo, más allá de las interpretaciones que entiendo qué se le hacen al libro, por ejemplo, que la literatura tiene un poder peligroso, que el libro es una tragedia moderna y que hay una inversión maestro-alumno, mi reflexión es de sensación: la sensación que deja.
Es corto y toca tantos temas relevantes a la juventud: el existencialismo, el sexo, la soledad, la amistad, las personas complicadas, los intereses dispares, el amor, la juventud.
Creo que me tocó muchas fibras de pensamiento y que el análisis se vuelve psicológico y filosófico.
Alerta de spoilers.
Yo no estaba lista para que Pie matara a sus padres, lo intuí una línea entes, pero no pensé que ese iba a ser el desenlace.
No me importa ni me interesan las reflexiones sobre la influencia de la literatura en el acto de Pie, me parece que no son relevantes porque hubiera terminado haciéndolo, leyendo o sin leer. Y hubiera terminado haciéndolo con Ange o sin ella. Creo firmemente que el impulso no es por ahí.
Lo que sí me cuestiona es la figura del padre, que se interesa por su hijo, pero a su vez lo desprecia. Es un personaje que está puesto ahí pero no está desarrollado y para efectos del libro no tiene que estarlo, pero uno queda con la intención de conocer más de para entender el desenlace de la historia.
¿Qué haría Pie si se entera que Ange sabe que el padre los vigila?
Resumen:
Ange tiene diecinueve años, vive en Bruselas y estudia filología. Para ganarse algo de dinero, decide comenzar a impartir clases particulares de literatura a un adolescente de dieciséis años llamado Pie. Según su despótico padre, el chico es disléxico y tiene problemas de comprensión lectora. Sin embargo, el problema real parece ser que odia los libros tanto como a sus padres. Lo que realmente le apasiona son las matemáticas y, sobre todo, los zepelines.
Ange empieza a proponerle distintas lecturas mientras el padre espía clandestinamente las sesiones. Al principio, los libros provocan únicamente rechazo en Pie. Pero poco a poco obras como Rojo y negro, La Ilíada, La Odisea, La princesa de Clèves, El diablo en el cuerpo, La metamorfosis y El idiota comienzan a surtir efecto y despiertan en él preguntas e inquietudes.
Gradualmente, la relación entre la joven maestra y su alumno se va estrechando hasta transformarse en algo más complejo. A ella le gusta estar con él, y Pie manifiesta estar enamorado de Ange.
En la historia aparece también otro personaje: un profesor de Ange que se interesa por ella y con quien mantiene una relación sexual. El profesor tiene cincuenta años. Ange reflexiona que no lo ama, pero que tampoco ama a Pie; sin embargo, esos dos hombres son las relaciones masculinas más cercanas que tiene.
La narración avanza mientras Pie lee los libros y ambos reflexionan sobre sus historias. No se trata de reflexiones particularmente profundas, pero resultan muy reveladoras. El libro progresa con rapidez a través de estas conversaciones literarias.
La catarsis —la tragedia de la historia— ocurre cuando Pie quiere salir al bosque para recibir allí las clases de Ange. Al pedírselo a su padre, se desata una discusión entre ellos que termina con el asesinato del padre.
Pie lo mata al descubrir que su padre lo ha estado vigilando a través de un espejo instalado en su oficina, desde donde ha observado todas sus reuniones con Ange. Y para no matar de pena a su madre —a quien considera una idiota— también la asesina, sin mostrar ningún tipo de remordimiento.
Al final aparece una reflexión sobre la juventud que me llama mucho la atención y que constituye la última frase del libro:«Muchos años después me convertí en una persona joven».
Es una paradoja.
La reflexión general del libro parece sugerir que la literatura ejerce una fuerza similar al gas que permite que los pesados zepelines —aerostatos— se eleven y floten livianos en el cielo. Sin embargo, esa misma energía que hace posible la elevación también es altamente explosiva y peligrosa.
Yo misma tuve que buscar qué eran exactamente los aerostatos y los zepelines, porque no conocía nada sobre este tema. A Pie le fascinan los aerostatos y también las armas, y ambos temas aparecen en varias conversaciones dentro de la historia.
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