Laura Restrepo - Delirio
Oí Delirio de Laura Restrepo en Audiolibros. Lo tenía pendiente desde hace muchísimos años porque es una autora colombiana muy reconocida y, además, esta novela ganó el Premio Alfaguara de Novela. Me parecía casi una deuda literaria leerlo, pero nunca había sacado el tiempo.
Puedo decir que el libro es entretenido, pero no me gustó. La historia se sostiene porque tiene un misterio y uno quiere entender qué pasó. La protagonista, Agustina, pierde la razón durante un fin de semana en el que su esposo, Aguilar se va de viaje. Cuando él regresa, la encuentra completamente desconectada de la realidad y trata de descubrir qué ocurrió y por qué su esposa enloqueció, entonces, la novela empieza a reconstruir diferentes capas de la historia a través de varios narradores que van armando el rompecabezas.
Por un lado está la propia Agustina, pero no exactamente la Agustina del presente, sino una voz que recuerda su infancia y su relación con su padre, su madre Eugenia y sus hermanos. En esos recuerdos aparece una familia emocionalmente fría. El padre es un hombre severo al que Agustina adora, aunque nunca parece recibir realmente su afecto. La madre es distante. Su hermano Bichi vive bajo una presión constante del padre, que lo humilla y castiga con frecuencia, aparentemente porque sospecha que es gay.
En esos recuerdos también aparece un secreto familiar importante: el padre mantiene una relación con la tía Sofi, la hermana de Eugenia. Agustina descubre ese vínculo cuando encuentra unas fotos de la tía desnuda y, junto con Bichi, crea un pequeño ritual para esconderlas y evitar que alguien las descubra. Ritual extraño donde los niños se desnudan.
También hay episodios de la adolescencia que muestran dinámicas afectivas bastante perturbadoras. Por ejemplo, cuando Agustina empieza a salir con amigos, su padre le exige regresar a cierta hora y se queda despierto esperándola. Ella comienza a llegar cada vez un poco más tarde a propósito, porque eso provoca que el padre la reprenda y esté pendiente de ella; de alguna manera, esa vigilancia se convierte en una forma de recibir su atención. En esas mismas salidas con pretendientes ocurre algo inquietante: cuando regresan de ir al cine o a un parque, ella provoca que los muchachos le muestren sus partes íntimas y luego las acaricia. Lo impactante es que afirma que esto ocurrió muchas veces.
Otra voz importante es la de Aguilar, el esposo, que narra el presente. Él intenta entender qué pudo haber detonado el delirio de Agustina. El sospecha de una posible infidelidad por lo que ella estaba alojada en un hotel.
A esto se suma la historia del Midas McAllister, un personaje que conecta el mundo de la élite bogotana con el dinero del narcotráfico. Es una especie de intermediario que facilita negocios y permite que algunas familias ricas —incluido el padre de Agustina y luego su hermano Joaco— se beneficien de ese dinero. Midas también fue novio de Agustina en el pasado y se menciona que ella tuvo un aborto durante esa relación, aunque no se desarrolla demasiado ese episodio.
En la novela también hay escenas muy fuertes que retratan el ambiente del narcotráfico y cómo ese dinero permeaba la sociedad colombiana de la época, no solo en términos de riqueza fácil sino también de excesos y deformaciones morales.
Uno de los episodios más perturbadores es el de un personaje conocido como la Araña Salazar. Después de un paseo a caballo queda paralítico y además sufre disfunción eréctil. En medio de un ambiente de apuestas y excesos entre amigos surge la idea de traerle una bailarina para ver si logra recuperar su potencia. Pero la situación toma un giro mucho más oscuro: lo que realmente le excita es el sufrimiento. La escena se vuelve cada vez más violenta hasta que termina matando a la mujer en medio de un acto de sadismo. Todo ocurre en un gimnasio, y el cuerpo de la bailarina queda atrapado en una máquina de ejercicio, en una imagen particularmente perturbadora.
Otra línea narrativa es la de los abuelos de Agustina, al parecer se leen unos diarios que reconstruyen la historia. El abuelo, Nicolás Portulinos, es un inmigrante alemán que vive en Sasaima y es pianista. En su historia aparece un extraño alter ego llamado Farax, una especie de doble imaginario. Más adelante el abuelo cree reconocer a ese doble en un joven llamado Abelito que llega a tomar clases de piano. Sin embargo, esa trama nunca termina de resolverse ni queda claro qué papel cumple dentro de la novela, simplemente un ancestro loco.
Dentro de esa misma línea familiar aparece otra imagen fuerte: la historia de Ilse, la hermana del abuelo. Ilse empieza a sufrir una picazón constante en sus partes íntimas, algo que la familia interpreta como un desorden moral vergonzoso. Como respuesta deciden encerrarla en una habitación y mantenerla aislada dentro de la casa. El encierro se prolonga hasta que Ilse termina perdiendo completamente la cordura. El relato sugiere que finalmente muere allí, aunque no queda claro si se trata de una muerte natural o de un suicidio.
Ese episodio parece insinuar que la locura tiene también un componente familiar: la hermana del abuelo, el propio abuelo con sus desdoblamientos mentales y, más adelante, Agustina.
Me gustó leerlo, pero el final: FATAL. El problema para mí no es el delirio en sí. Estamos claros que había un delirio pero no hay que quedar delirantes. El problema es que la historia no llega a cerrarse, ninguna de las historias se cerró. A lo largo del libro uno siente que todos esos narradores y todas esas historias van a conducir a un punto final donde las piezas se junten, pero ese punto nunca llega, no hay nada concluyente, las historias quedan abiertas: la de Agustina, la de su familia, la de Midas McAllister, la del abuelo. No es simplemente que el final sea ambiguo —eso puede ser interesante—, sino que queda la sensación de que la intención narrativa tampoco termina de completarse.
Al final me quedó una sensación de aburrimiento. No es un libro que yo recomendaría. Porque al final sientes que leíste algo que te dejó una deuda.
Además, luego oí una entrevista de la autora, y no me gusta su posición afable a las guerrillas, afable a la izquierda, al socialismo. Que lo respeto como posición política, pero no como ha sido aplicado en Latinoamérica. No tuve clic con ella.

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