Amélie Nothomb – Estupor y temblores

Creo que siempre va a ser un placer leer a Amélie Nothomb. Este es el tercer libro que leo de ella y me gustó. Me gusta la manera como escribe, como una crítica de lo que piensa, como afilando su subconsciente, como entendiendo el universo que la rodea.

En este libro ella evoca la nostalgia de su infancia en Japón y la enfrenta con su realidad cuando ya es mayor. Se siente orgullosa de saber japonés y de haber vivido unos años en ese país (ella es belga).

El libro es una narración en primera persona de un personaje que supongo es ella —aunque claramente funciona como un alter ego—, que con el objetivo de volver a sentir lo que evocan sus recuerdos en Japón decide trabajar en una empresa japonesa como traductora cuando ya es adulta. Sin embargo, en su experiencia se encuentra con múltiples trabas de carácter cultural que le impiden destacarse y, por el contrario, la arrastran a una reflexión de lo dura que puede ser la vida laboral en Japón, especialmente dentro de su cultura corporativa, que es rígida, jerárquica y profundamente exigente.

En lugar de ir ascendiendo en la empresa, va descendiendo en la escala laboral hasta llegar a ser la que limpia los retretes. Y ella, por orgullo, por respetar la cultura japonesa, permanece hasta finalizar su contrato.Creo que el libro es una muestra de cómo nuestros recuerdos de lo bello de un lugar hacen parte del pasado y regresar siempre es un reto, una decepción, un invento nuevo, una quimera, una ensoñación. La vida nunca vuelve a ser como era. Lo viví cuando volví a Londres… Mi Londres, el del 2008, no tiene nada que ver con la horripilancia que vi en 2024.

Su Japón no fue ese Japón.

Solo puedo decir que es muy diferente la cultura japonesa y, por recomendación de Amélie —o más bien de lo que muestra de su experiencia dentro de esa cultura corporativa—, yo no iría a Japón. No necesito terremotos ni humillaciones culturales.

Creo que sus historias están inspiradas en la vida real, si es que no son directamente autobiográficas. Me encanta su manera de escribir. Sus libros, aunque breves, son un bálsamo: me dejan, en el mejor sentido, en estado de estupor y temblores.




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