Amélie Nothomb - Metafísica de los tubos

Como diría Dios a Dios. En el principio, todo estaba bien, pero se hizo hombre y se aburrió. En este caso mujer. Lo digo yo. 

Wow! El principio del libro es un desborde de genialidad. Es espectacular de una manera grandiosa. Dios es un tubo, ella es Dios. Quién es Dios y para que es el tubo? La vida no tiene sentido. No debe ser. Dios no sabe nada. Dios sabe todo. Eso lo digo yo, pero lo tomo de ella. Me encanta equivalencia entre ella y Dios. 

Tiene frases excelentes. 

Es un libro que recomendaría a lectores verdaremente lectores, porque no es una historia, es un descubrimiento de la vida por parte de la autora. Una queja, un lamento, una exaltación, una grandilocuencia. Habla de ella en su nacimiento y reflexiona de la vida, de su infancia en Japón, del lenguaje. Del hecho de entender quiénes somos desde los ojos de una niña de dos años. 

Creo que a la historia le falta mucha verosimilitud, pero la intención no es que sea una historia cierta, es un pensamiento hablado en modo sarcástico. De todo mi estilo, de todo mi gusto. Al final… se vuelve aburrido. Pero la esencia permanece. 




Frases: 


La vida era plenitud hasta tal punto que ni siquiera era vida. Dios no vivía, existía.


La vida comienza donde empieza la mirada. Dios carecía de mirada.


Existe una metafísica de los tubos. Sobre los tubos, Slawomir Mrozek ha escrito palabras que uno no sabe si son abrumadoras en su profundidad o extraordinariamente desternillantes. Quizás sean ambas cosas a la vez: los tubos son una singular mezcla de plenitud y vacío, de materia hueca, una membrana de existencia que protege un haz de inexistencia.


Su retoño carecía de instinto de supervivencia


Existe acaso algo más extraño que ese implacable poder que emana de lo que no se mueve? 


Cuando una idea cuya inanidad ya ha sido demostrada sigue causando estragos, uno descubre, con estupefacción, la tremenda influencia de lo inmóvil.


El tiempo es una invención del movimiento. Aquel que no se mueve no ve pasar el tiempo.


La memoria es igual. Tu abuela murió, pero el recuerdo de tu abuela hace que siga viviendo. Si logras inscribir los tesoros de tu paraíso en la materia de tu cerebro, transportarás en la cabeza si no su milagrosa realidad, sí por lo menos su poder. En adelante, sólo vivirás consagraciones. Los momentos que lo merezcan se verán revestidos de un manto de armiño y serán coronados en la catedral de tu cráneo. Tus emociones serán dinastías.


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