Mikel Santiago - En Plena Noche
En Plena Noche, de Mikel Santiago, es el segundo libro de la trilogía de Ilumbe. Aunque forma parte de la misma saga, en realidad no tiene mucho que ver con la historia anterior. Sin embargo, reaparece Álex —el jardinero protagonista de El mentiroso—, lo que le da un pequeño hilo de continuidad.
Esta vez la historia gira alrededor de Diego, un cantante de pop exitoso que regresa, de alguna manera, a su pasado en Ilumbe, el pueblo donde creció. En su adolescencia, Diego tenía una banda de rock con sus amigos, a quienes no ve desde hace muchísimos años. Todo se rompió una noche clave: después de un toque de la banda, él, completamente ebrio, tuvo un accidente en el que un carro lo atropelló. Esa misma noche, su novia Lorea desapareció.
Y desapareció para siempre. Nunca encontraron su cuerpo. Nunca se supo qué pasó realmente. Y Diego, además, perdió por completo la memoria de esa noche. Nunca lo culparon oficialmente, pero el caso quedó flotando, sin resolución, como una herida abierta. A partir de ahí, Diego no volvió a Ilumbe. Ni él ni su familia: el ambiente en el pueblo se volvió tan hostil que prácticamente tuvieron que irse, señalados como responsables de aquella desgracia.
El libro arranca lento. Muy lento. Se toma su tiempo para contarte todo: la adolescencia de Diego, su vida, el contexto, las relaciones… Es una construcción detallada, pero cuando finalmente la historia despega, lo hace con una velocidad impresionante. Se vuelve de esos libros que no puedes soltar, porque el misterio empieza a cerrarse y cada pieza cae en su lugar de una manera realmente atrapadora, incluso mas que El Mentiroso.
Y ahí es donde el libro funciona: cuando ya estás completamente metido, no hay forma de parar.
La verdad es que es un thriller completamente adictivo. Yo lo oí en Audible y me encantó: es súper fácil de seguir, de entender y de llevar. No exige una gran complejidad literaria, pero está bien construido y cumple perfecto con lo que promete. Y ahora sí, vamos por la tercera parte.
Alerta de Spoilers!!
Diego vuelve a Ilumbe por un hecho puntual que lo sacude todo: uno de sus amigos, Bert—exmiembro de la banda— muere en un incendio dentro de su propia casa. En principio parece un accidente, pero la novia de él (a quien Diego ni siquiera conoce) le dice algo que cambia todo: ella está convencida de que no fue un accidente, sino que alguien lo mató.
A partir de ahí, Diego empieza a investigar. Y lo que arranca como una sospecha aislada termina convirtiéndose en una reconstrucción obsesiva del pasado. Poco a poco empieza a unir las piezas de ese rompecabezas que lleva años incompleto.
En ese proceso reaparecen los viejos vínculos: Javi, su amigo de siempre; la otra integrante de la banda —Nura—; y, en general, ese grupo que quedó congelado desde aquella noche en que todo se rompió. Entre todos, de alguna manera, empiezan a tejer lo que realmente ocurrió.
También está Gonzalo, su mánager, siempre presente, siempre pendiente de él, casi demasiado. Y aparece Nerea, la policía encargada del caso, que ya venía del libro anterior (El mentiroso). Nerea además tiene un vínculo personal fuerte con la historia: su tío fue quien llevó originalmente el caso de la desaparición de Lorea. Ahora está viejo, deteriorado mentalmente, y nunca logró resolverlo. Por eso, para ella, cerrar ese caso tiene un peso emocional enorme.
En medio de la investigación aparece Ángela, una fan de Diego desde la adolescencia, la de los corazones rojos. En algún momento intentan dirigir las sospechas hacia ella, pero no encaja del todo. Porque el verdadero responsable termina siendo Gonzalo.
No solo como alguien involucrado, sino como el asesino de Lorea… y, más allá de eso, como un asesino en serie. Se sugiere que podría estar implicado en múltiples crímenes —alrededor de una docena— y que ha construido incluso una especie de alter ego: un personaje casi caricaturesco, un “francés” con apariencia de Papá Noel, que funciona como la máscara desde la cual ejecuta sus crímenes.
Lo interesante (y también inquietante) es que el libro nunca termina de dar un motivo completamente claro o sólido. No hay una justificación contundente. Sí se insinúan cosas: que Lorea lo rechazó, que quería ser actriz, que lo dejó plantado, que eso le generó rabia… pero nada de eso alcanza a explicar del todo la dimensión de lo que hace.
Más bien queda la sensación de estar frente a alguien con una pulsión oscura, casi gratuita.
También se revela que Gonzalo, en su momento, tuvo la intención de matar a Diego. No lo hizo por dos razones: porque Diego logró escapar esa noche, y porque después, al darse cuenta de que realmente había perdido la memoria, entendió que podía convertirlo en algo útil. Y así fue: terminó siendo clave en su carrera, incluso financiándolo y ayudándolo a catapultarse a la fama.
Yo, en algún momento, sí sospeché de él. Pero igual, como lector, cuesta encontrar ese detonante claro que lo haga encajar del todo como “el asesino”. Y creo que eso no es un error del libro, sino parte de su incomodidad: no siempre hay una razón limpia detrás de la oscuridad.
También aparecen otros personajes que terminan siendo clave en el entramado del misterio. Están Isaac e Ivonne, amigios de la banda, que de alguna manera quedaron involucrados desde aquella noche porque habían escondido la moto de Lorea a modo de venganza con ella y, a partir de eso, fueron chantajeados por un pescador que conocía la verdad y los tenía completamente manipulados… hasta que ellos mismos terminan matándolo. Y por otro lado está el dueño del bar donde tocaba la banda, que suma otra capa incómoda: fue quien editó el video de esa última noche —alterando lo que realmente ocurrió— y además deja entrever que tenía una relación íntima con Lorea, lo que lo vuelve aún más sospechoso dentro de toda la historia.

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